William Shakespeare decía que el hombre, en su tránsito de la cuna a la tumba, pasa por siete edades.
El ingeniero desde su graduación hasta su desintegración, pasa al menos por cinco, dependiendo de la duración de cada una, del individuo y de su carrera.
I El tecnólogo de la aplicación
Durante sus primeros años, después de haber terminado su instrucción profesional, el ingeniero va aprendiendo los trucos prácticos del oficio. Comprende por vez primera que no todos los problemas poseen una respuesta de trayectoria precisa y descubre en realidad que, por lo común, ni son precisos, ni poseen trayectoria alguna.
Escribe a su Alma Mater para destacar que durante sus años de aprendizaje, debió haber tenido más cursos prácticos o cursos de aplicación -adecuados, claro, a sus necesidades momentáneas-, y que le debieron haber enseñado que los engranes de 13 1/2 pulgadas de paso, son más bien raros que comunes.

Un escrito intitulado “Las Edades del Ingeniero” llegó a mis manos al comienzo de mi licenciatura en ingeniería industrial y electrónica, por los años 1981 o 1982. Este documento que uno de mis mejores maestros me obsequió, traía como autor unas siglas y un apellido: E.F. Tangerman. *

II El tecnólogo científico
Cinco o diez años más tarde, el ingeniero empieza a ver el bosque más que los árboles. Él escoge ahora los métodos para atacar los problemas, propone nuevas técnicas y planea el trabajo para la nueva generación de tecnólogos aplicados.
Le escribe nuevamente a su Alma Mater indicando que hubiera sido deseable que sus conocimientos en Física hubieran sido más profundos, lo mismo que en Química, Termodinámica, Mecánica de Fluídos y Electricidad…
III El supervisor técnico
Andando unos cinco años más, nuestro ingeniero ya es jefe de un grupo de personas. Su nivel de planeamiento técnico no solamente es más alto, sino que participa además en algunas responsabilidades de la Administración.
Empieza a comprender que sus colegas, los operarios e incluso los contadores, son personas. Descubre que un informe pedido para el martes es mejor recibido si se presenta en lunes, en lugar de un miércoles…
Señala a su Facultad en reciente carta, que el currículum no incluyó suficientes materias sobre administración, inglés, contabilidad, presupuestos, organización y administración de personal. Apunta además que tales cursos deben ser obligatorios y no optativas.
IV El administrador técnico.
A la vuelta de otros cinco años este ingeniero tiene a su cargo un gran departamento o quizá la dirección de una planta. Sus informes van directamente a la presidencia de la corporación; sus responsabilidades están más allá de la sola ingeniería e incluso, dentro de ella, está creando, guiando a otros, más que hacer las cosas por él mismo.
En su carta a la Facultad, señala que los cursos debieron de haber incluido: legislación de sociedades, relaciones humanas, mercadotecnia, teoría de la administración y finanzas…
Bajo la presión de su hogar y de las relaciones sociales, va descubriendo que cada día necesita saber más sobre las relaciones de su comunidad, adiestrarse en golf, pesca, arte popular y música.
Y se llega a preguntar si no hubiera sido mejor estudiar alguna carrera de la Facultad de Filosofía y Letras antes de haber iniciado la de Ingeniería.
V El ingeniero completo
A otros cinco años de distancia vemos a nuestro ingeniero como presidente de su compañía, pidiéndole a sus subordinados que mantengan la organización en condiciones de alta eficiencia, que permanezcan alertas a los nuevos desarrollos, que reduzcan los costos al mínimo y aumenten la productividad al máximo.
Se preocupa de su imagen propia y de la compañía, considera a los objetos de arte como una inversión y empieza a acostumbrarse a los rigores de pertenecer al consejo directivo o ser el presidente de algún club social, a ser el esposo de la dama que dirige las actividades culturales de su comunidad.
Escribe a su Alma Mater indicando que nadie puede alcanzar el éxito sin una preparación adecuada en Humanidades. Mejor aún, está dispuesto a otorgar un donativo para que se imparta una cátedra de humanidades a los futuros ingenieros.
VI El ingeniero «filósofo»
Hasta no entrar a la Sexta Edad, que llamaremos la del Ingeniero Filósofo, es cuando nuestro ingeniero entiende que nadie pudo haber anticipado sus necesidades y posibles deficiencias y que en su tiempo, hubiera resentido cualquier esfuerzo encaminado a la satisfacción prematura de ellas… total, no le gusta el idioma inglés y odia la Historia.
Lo único que sí desea es Ingeniería, o por lo menos lo que cree fue la Ingeniería y no malgastar su tiempo y esfuerzo en «cursitos» de barniz.
*Justo 35 años después encuentro que al parecer el autor es otra persona, un tal John D. Ryder quien supuestamente escribió el artículo aunque no se sabe la fecha: https://es.scribd.com/document/314906800/Las-Edades-Del-Ingeniero. Sea como fuere, anoto estos descubrimientos, con el afán de otorgar el crédito merecido a quien realmente lo escribió.


Hola estimado José, buen día:
Me gusto mucho las edades del ingeniero, interesante y nos vemos reflejados en algunas de ellas.
Agradezco que las hayas compartido.
Excelente inicio de Julio.
Saludos cordiales
Cuando decidí ser ingeniero, algunas amistades y familiares me estuvieron insistiendo que me inscribiera en las escuelas más prestigiadas del país. La situación familiar era precaria, mi parte recientemente había fallecido y aunque alguna beca me pudo ayudar en las propuestas que recibí, no me sentí muy cómodo en alejarme a gran distancia de la familia.
Al comparar planes de estudio de diversas instituciones, descubrí materias que no me llamaron la atención y pensé que eran «relleno» , pero un ingeniero que era mi amigo me dijo que no era así y que siempre iba a ser necesario recurrir a las materias raras que encontrábamos en el plan de estudio y aún las instituciones más prestigiadas no podían proporcionar todos los conocimientos necesarios en el desempeño laboral.
Es por ello que decidí escoger la mejor institución a mi alcance económico y de distancia a la familia, sabiendo que siempre iba a necesitar complementos para las materias cursadas, especialización y cursos de actualización.
Así mis paso me llevaron al gran Instituto Tecnológico de Veracruz, dónde tuve retos muy buenos, grandes aprendizajes y, como esperaba, también encontré debilidades en el contenido que debía expandir si era necesario.
Me he sentido muy complacido, he tomado muchos cursos de actualización y maestría, he aprovechado hasta los conocimientos de materias como administración de personal, ingeniería de métodos, planeación estratégica, contabilidad, etc., porque la vida laboral puede ser muy extensa. Quizás algunos cálculos avanzados que aprendí, no los llegué a necesitar, pero me dieron una gran formación.
Gracias a los maestros, compañeros de estudios y a las demás personas que después han colaborado en mi formación me siento un gran ingeniero.
Estimado José:
Todo esto es lo vivido, creo que el autor se quedó corto en alguna de las edades, sin embargo, está muy bien explicada.
gracias por hacernos suspirar y reflexionar sobre la retrospectiva personal en cada uno de nuestros casos particulares.
saludos y un fuerte abrazo
Hola, mi estimado Antolino (como te llamábamos en el ITV).
Y sí, creo que mucho de lo que aquí escribes se acerca a lo que vivimos (y en su momento pensamos) durante nuestra vida profesional.
Feliz día del Ingeniero!!!